Cumpliendo las enseñanzas católicas, trabajamos en representación de los inversores para animar a las empresas a mejorar sus políticas y prácticas, que pueden ayudar a los trabajadores, las comunidades locales y el medio ambiente, y pueden reducir el riesgos de la inversión.

Además de presentar resoluciones de accionistas y delegaciones de votos, abordamos un diálogo a largo plazo con las empresas para asesorarles y mantenerles responsables como ciudadanos corporativos responsables cuyas actividades tengan impactos globales.

  • Presionamos a las empresas agresivamente en aspectos de Dignidad Humana y Justicia, incluidos el tráfico de personas, los derechos humanos y los derechos de los trabajadores.
  • Animamos a la Administración Responsable de la creación de Dios promoviendo la utilización responsable de los recursos naturales.
  • Centramos la atención de la gestión corporativa en la importancia de la Prosperidad Compartida — porque el éxito es una bendición que viene con la obligación de ayudar a los demás de una manera limpia y justa.
  • Apoyamos la Titularidad Responsable y la Responsabilidad Corporativa entre las empresas de la cartera con el fin de promover el bien común.

“Como propietarios parciales, [los particulares cristianos y las instituciones de la Iglesia] debemos cooperar para conformar las políticas de esas empresas a través del diálogo con la administración, mediante los votos en reuniones corporativas, presentando resoluciones y participando en las decisiones de inversión.”

— Justicia Económica para Todos, 354